FÁBULAS.

Una fábula es la historia que contiene las siguientes características:
1.- Los personajes son animalitos.
2.- Estos animalitos hablan y piensan como personas.
3.- Siempre al final hay una moraleja (Moraleja es una enseñanza).


LA CIGARRA Y LA HORMIGA.

Una hormiga sacaba al sol, en invierno, todo el trigo que había recogido durante el verano. Una cigarra hambrienta, viendo tantas provisiones, se acercó a pedirle que le diese un poco de aquel trigo; a lo cual respondió la hormiga:
—Amiga mía, ¿qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba?
—Andaba cantando por los prados —contestó la cigarra—, y por eso no me quedó tiempo para recoger provisiones.
—Pues si cantabas en verano —repuso la diligente hormiga—, baila ahora en el invierno.
Y recogiendo otra vez el trigo en su agujero, se rió de la holgazanería e imprevisión de la cigarra.
Debemos trabajar a tiempo para que no nos falte con qué vivir en adelante.
El holgazán y descuidado siempre se halla necesitado y menesteroso.






EL CUERVO Y LA VASIJA.
ESOPO


Había una vez un cuervo que tenía mucha sed. Voló mucho tiempo en busca de agua y de pronto vio una vasija. Se acercó y vio que contenía un poco de agua. Trató de beber, pero la vasija era honda y no pudo alcanzar el agua con el pico.
—Tengo demasiada sed—graznó—. Pero debo beber esa agua para poder seguir volando. ¿Qué haré? Ya sé. Volcaré la vasija.
Le pegó con las alas, pero era demasiado pesada. No podía moverla.
—¡Ya sé! —dijo—.La romperé y beberé el agua cuando se derrame. Estará muy rica.
Con pico, garras y alas se arrojó contra la vasija. Pero ésta era demasiado fuerte.
El pobre cuervo se tomó un descanso.
—¿Qué haré ahora? No puedo morir de sed con el agua tan cerca. Tiene que haber una manera, y sólo necesito pensar hasta descubrirla.
Al cabo de un rato el cuervo tuvo una idea brillante. Había muchas piedrecitas alrededor. Las tomó una por una y las arrojó en la vasija. Poco a poco el agua subió, hasta que al fin pudo beberla.
—Siempre hay un modo de vencer los escollos —dijo el cuervo—, pero hay que aguzar el ingenio.



LA LIEBRE Y EL CONEJO.

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era la más veloz y se burlaba de ello ante la lentitud de la tortuga.

- ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! Decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre:

- Estoy segura de poder ganarte una carrera.

- ¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.

- Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy ingreída, aceptó la apuesta.

Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, y sin más preámbulos comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes.

Astuta y muy confiada en si misma, la liebre dejó coger ventaja a la tortuga y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida, mientras la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.

Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a una corta distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la meta y ganado la carrera!

Ese día la liebre aprendió, en medio de una gran humillación, que no hay que burlarse jamás de los demás. También aprendió que el exceso de confianza es un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Y que nadie, absolutamente nadie, es mejor que nadie



Fabula el Pastor mentiroso.

Estaba un pastor de ovejas junto con su rebaño, el cual comenzó a gritar con todas sus fuerzas: "¡Auxilio! ¡Auxilio! El lobo viene por mis ovejas". El pueblo, dejando a un lado todos sus quehaceres, acuden al llamado del joven, para darse cuenta que no es mas que una chanza pesada.

El joven vuelve a hacerlo una segunda vez, y temiendo el pueblo, volvió. Sin embargo, nuevamente no era mas que una burla. Luego gritó de nuevo, siendo esta vez verdad que el lobo estaba atacando, sin embargo el pueblo no creyó en sus gritos, por lo que la fiera terminó devorándose el rebaño.

Moraleja: Mentimos y mentimos, y perdemos la confianza que los demás tienen en nosotros. Cuando digamos la verdad, no nos creerán.

 


El león y el ratón.

Después de un largo día de caza, un león se echó a descansar debajo de un árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se atrevieron a salir de su madriguera y se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, el más travieso tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte que lo despertó. Muy malhumorado por ver su siesta interrumpida, el león atrapó al ratón entre sus garras y dijo dando un rugido:

-¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendáis la lección!-

El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando:

- Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me necesites –

- ¡Ja, ja, ja! – se rió el león mirándole - Un ser tan diminuto como tú, ¿de qué forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír!.

Pero el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y su valentía, le dejó marchar.

Unos días después, mientras el ratón paseaba por el bosque, oyó unos terribles rugidos que hacían temblar las hojas de los árboles.

Rápidamente corrió hacia lugar de donde provenía el sonido, y se encontró allí al león, que había quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar su deuda, le dijo:

- No te preocupes, yo te salvaré.

Y el león, sin pensarlo le contestó:

- Pero cómo, si eres tan pequeño para tanto esfuerzo.

El ratón empezó entonces a roer la cuerda de la red donde estaba atrapado el león, y el león pudo salvarse. El ratón le dijo:

- Días atrás, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

El león no tuvo palabras para agradecer al pequeño ratón. Desde este día, los dos fueron amigos para siempre.

 







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